09 enero 2016

Sharon Stone, la rubia peligrosa

Sin hipocresías, hay que reconocer que es un símbolo de la sexualidad femenina desde los 90: la que se manifiesta con total libertad y sin rehuir rasgos polémicos.

Francisco Peña.


El 10 de marzo Sharon Stone cumple años, con plena capacidad actoral e inobjetable sexualidad felina que la distinguen en pantalla. De ascendencia irlandesa y nacida en 1958 en Meadville, Pennsylvania, pertenece a la tradición de las rubias gruexxxas como Jean Harlow, Marlene Dietrich y Marilyn Monroe. Como ellas, en Sharon Stone se cristalizó un arquetipo para mujeres y un objeto de deseo para hombres. Tuvo la ventaja de surgir en una década más liberal gracias al trabajo de grupos que luchan por la libre expresión de la sexualidad.


Sharon Stone es quien es por su esfuerzo personal y brillante inteligencia (tiene registrado un IQ de 154). Comenzó en el cine en Stardust Memories (Allen, 1980) y en los seis segundos que dura su presencia para mandarle un beso a Woody desde un tren, ya emana de ella un magnetismo inexplicable. Dio el estirón en Total Recall (Verhoeven, 1990), cuyo estreno combinó con sus desnudos en Playboy (que en 1999 la consideró una de las 25 Estrellas más Sexys del siglo XX).


Saltó a la fama con Bajos Instintos (Basic Instinct, Verhoeven, 1992) donde interpretó a Catherine Tramell, escritora, asesina serial y bisexual. Stone le dio profundidad al personaje más allá de la atmósfera de una buena película comercial que hoy es de culto; hizo verosímiles su determinación, agresividad, astucia e inteligencia.




Catherine toma lo que quiere y siempre controla la situación. La actriz lo logra con la administración exacta de su atractivo sexual que modula brillantemente con su técnica actoral mediante expresiones corporales, faciales (la gama impresionante que expresan sus ojos) y su manejo de diálogos.


Stone no temió decir con desparpajo diálogos muy duros en los interrogatorios sobre los crímenes seriales, “atenuados” en los subtítulos para esquivar la traducción del “fucking” original por correspondiente “coger” en español:

Nick (Michael Douglas): ¿Hace cuánto que salían juntos?

Cath (Stone): Yo no salía con él. Yo cogía con él

Gus: (George Dzundza): ¿Quién es usted? ¿Una profesional?

Cath: No, soy una amateur

Nick: ¿Hace cuánto que tenía sexo con él?

Cath: Hace un año y medio

Nick: Déjeme preguntarle algo, Srita. Tramell. ¿Le apena que esté muerto?

Cath: Sí. Me gustaba coger con él


Grupos de lesbianas protestaron contra Verhoeven porque consideraron que eran retratadas como asesinas, vengativas, promiscuas e inestables; pero jamás contra la actriz. Le reconocieron que manifestara que una mujer podía sentir atracción y pasión sexual por otra mujer sin cortapisas. En 2004 recibió el premio Spirit del Centro Nacional por los Derechos de las Lesbianas por su apoyo a las organizaciones que sirven a las comunidades lesbiana, gay y personas con VIH.


Los segundos donde se vio su vello púbico al cruzar las piernas en la escena del interrogatorio y las escenas sexuales con Douglas calaron en público y crítica. Amor, deseo y muerte se mezclaron para convertirla en objeto oscilante entre luz y sombras, atracción y miedo. Fue nominada al Globo de Oro como Mejor Actriz Dramática en 1993.


Demostró su excelencia actoral en Casino (Scorsese, 1995) y fue nominada al Oscar y al Globo de Oro como Mejor Actriz por encarnar a Ginger, esposa de Sam Rothstein (De Niro). La progresiva degradación de Ginger se plasmó en duelos de actuación con De Niro, Joe Pesci y James Woods: no pidió ni dio cuartel, siempre a la altura de sus compañeros. Su hermosura felina se desdibuja conforme su personaje va de la seguridad a la indiferencia hasta rematar en histeria, borrachera y autodestrucción.


Con el paso del tiempo se ha distanciado de la imagen de sus personajes. Tiene tres hijos adoptivos, es budista, criticó con acidez a Bush y exigió la salida de las tropas de Irak, pero su esfuerzo social se enfoca en la lucha contra el VIH. Sin embargo, Sharon Stone sigue activando la imaginación de muchos hombres y no pocas mujeres porque sobre su belleza y talento se proyectó el deseo sexual colectivo que se ha acrecentado en su madurez: es la rubia peligrosa del cine por excelencia, con quien se arriesga la vida a cambio del orgasmo inolvidable.