20 noviembre 2017

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Film Paradigma presenta, en su tercera edición, los siguientes artículos. En Música, FLEETWOOD MAC: ROCK EN LA NOCHE, sobre uno de los grupos de rock más extraordinarios de la historia. Angélica Ponce nos entrega su crítica literaria de LA DULCE HIEL DE LA SEDUCCIÓN, varios autores. También se ofrece la crítica del film OSAMA (Siddiq Barmak) y EL FRAUDE (Luis Mandoki). En Ciencia ficción, un artículo sobre WILLIAM GIBSON. Finalmente, el resaultado del partido Futbol contra Cine en FUTBOL Y CHURROS EN EL CINE MEXICANO.





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Soar, de Alyce Tzue

A Angélica Ponce con gratitud. Cuando se enteró que llevaba ya un año completo sin escribir algo nuevo sobre Cine, me animó a retomar el teclado, a analizar, a aportar… y soñar de nuevo.

A mis compañer@s de SIPINNA que, a pesar del valioso tiempo personal que tienen, dedican unos minutos a leer lo que aquí escribo por amor al Cine. ¡Muchísimas gracias a tod@s!


SOAR: remontarse, subir muy alto, elevarse mucho sobre el suelo.



Este corto, de 6:14 minutos puede verse en https://youtu.be/UUlaseGrkLc o aquí.



Se recomienda verlo primero antes de leer el texto a continuación porque es un SPOILER completo.

En sólo 6:14 minutos (5 de acción), la joven guionista y directora Alyce Tzue entrega una joya de animación donde se funden una sencilla pero hermosa historia con una excelente realización animada.

En la mejor tradición de Pixar, plantea situaciones universales que tocan a niñas, niños, adolescentes y adultos porque en alguna etapa de nuestra vida nos hemos encontrado con problemas semejantes. Y en la misma tradición apunta a remover, a despertar nuestros sentimientos humanos más nobles que no por “conocidos” dejan de ser importantes.

Como acaban de ver (y si no, es el momento de que vean el corto), la historia compacta muchas situaciones en breve tiempo. Se narran sin diálogos, sin apoyarse en la palabra; la trama confía su exposición y desarrollo solo en la imagen, los rostros, los gestos y la presencia perfecta de la música como componentes relevantes. Esta combinación de elementos más su técnica de realización entregan un corto “sencillo” pero hermoso. Sencillo, simple a la vista pero complejo (como una pintura de Vermeer, que a su vez esconde un trabajo muy elaborado en tiempo/forma y paciencia).

La cinta abre con la chica adolescente (Mara, así la llaman en IMDB), la ilusión en su rostro de hacer volar su avión y su frustración por el fracaso. Los papeles azules arrugados muestran que no es su primer intento de diseño y está deprimida por el nuevo fracaso. En medio, la ráfaga de viento aparece por primera vez para llevarse su último plano (blueprint).


La caída de la bolsa azul la sorprende y la extraña navecita que se estrella contra el árbol aún más (que al chocar tira los otros planos arrugados de la mesa… hasta el último detalle narrativo está cuidado). De ella baja el pequeño piloto (Lucas, así lo llaman en IMDB). La toma lateral de frente establece al mismo tiempo, en el encuadre, la escala y la acción (el trabajo en el storyboard es bueno, aunque hubo mejoras, como veremos después).


La cara de ambos es sorpresa y asombro. Pero, como es lógico, el más pequeño se siente amenazado y se defiende con el lápiz. La siguiente acción es un guiño Millenial. Ante lo extraño, ella lo primero que hace es sacar una foto con su iPhone (el detalle de cambiar la manzana del logo Apple por una ¡pera!). Aquí sonreí por la broma.


Una de las objeciones que leí sobre SOAR es cómo, ante lo desconocido, era inverosímil que lo primero que hiciera la adolescente fuera sacar su iPhone y sacarle una foto al piloto. Me sonreí por dentro: esta reacción no es una exclusiva Millenial. Conozco al menos dos personas de 38 años que desenfundan su smartphone para ilustrar la crónica de su vida cotidiana: ¡el Samsung más rápido del Oeste!

El chico piloto (otro adolescente), intenta recuperar la bolsa pero al bajar su avión daña la hélice: su prisa por solucionar lo inmediato desplaza lo urgente, lo urgente desplaza lo planeado… le impide planear cómo enderezar su avión sin dañarlo.

Ahora el chico está en un grave problema. Voltea al cielo (y ella también) para ver una gran flotilla de naves aéreas fantásticas que se desplaza hacia el sol en el atardecer. Cada nave tiene un diseño propio extraordinario con combinaciones atractivas: barcos vikingos, zepellines, veleros con rotores, velas, hélices en combinaciones extrañas … y todas se alejan irremisiblemente.


Él de nuevo está solo frente a la “giganta” e intenta defenderse. Y aquí viene el primer cambio en la historia. Es ELLA -sí, es una mujer- quien da el primer giro narrativo ante el problema ya planteado. Lo primero que piensa es en ayudarlo y encontrar una solución al problema del chico. El primer sentimiento humano “sencillo” es Ayudar al Otro, al Desconocido que afronta un problema y una posible Pérdida Grave…

y su mente de Ingeniera en ciernes (de seguro acabará como excelente Ingeniera en el campo del diseño de aviones) busca una solución. Le quita el lápiz al piloto (no lo agrede, no lo hiere, no lo aplasta, no lo mata, no vuelca su propia frustración contra el Desconocido; lo No Dicho en el Discurso también significa estructuralmente) e implementa una solución para la hélice.


El chico piloto aparece ya está montado en su nave y con la mano derecha hace por primera vez su señal de “Adelante”. Es el primer giro narrativo significativo por medio de elipsis: él acepta la ayuda de ella, de la Extraña; no son enemigos, trabajan en equipo por el mismo objetivo: que él vuele y se reintegre a su comunidad.

Sin embargo, este primer intento conjunto falla y la hélice se desprende. La reacción gestual de ambos es evidente. La hélice cae junto al ala del avión de ella que se estrelló.


Pero dentro del contexto real de su experiencia, ella no se frustra. Tiene una nueva intuición para enfrentar el Reto, una nueva idea que muestra con un gesto pícaro.


De nuevo la elipsis. Él montado en el avión de ella preparado para volar. Repite su señal de “Adelante” pero en el vuelo cae de nuevo. Ve que la flotilla se aleja y la voltea a ver en busca de una nueva solución. A ella ya no se le ocurre nada y con el gesto se lo muestra; él entiende y abraza sus piernas. Ella se deja caer en una piedra. Las reacciones son de tristeza. De nuevo, lo No Dicho en el Discurso. Como guionista, Alyce Tzue presenta la frustración, el desaliento, pero NUNCA pone en su película a la Ira.

Tampoco la guionista revienta la reciente amistad entre ambos porque una de las partes “falle” en sus intentos por alcanzar el mutuo objetivo. Amigos porque han intercambiado vulnerabilidades personales (la frustración de ella, el miedo de él por quedar varado), amigos porque han confiado uno en la otra y viceversa. Aún en el fracaso, se reconocen mutuamente, no explotan entre sí ni deshacen su vínculo.

Por segunda vez aparece el viento y el plano se estrella contra los pies de Ella, por tercera vez sopla y lo empuja contra su cara. Ella, de nuevo, tiene una idea. Mara… porque para Alyce Tzue y su equipo tiene nombre…

…y Mara de nuevo diseña una solución: un planeador.


Ningún detalle de la realización se descuida. Alyce Tzue se tomó el tiempo para que veamos un momento en la imagen el nuevo plano bien diseñado del planeador, luego el viejo plano como el ala para planear, y ya atado a la nave del chico adolescente. Ella es la fuerza motriz que levanta el planeador… y funciona…

…y en el momento alegre de lograr el objetivo común voltean a verse con un toque agridulce: quizás no volverán a estar juntos otra vez.

Él remonta el cielo ya al anochecer. Abre el maletín y saca una Estrella que coloca en el aire. Cumple su misión personal y, justo en ese momento el cielo se ilumina de estrellas. La Estrella de Lucas… porque para Alyce Tzue y su equipo tiene nombre… es la Primera en encenderse en el firmamento.


Y las estrellas miran hacia abajo. Mara ve como de golpe se ilumina el cielo y se maravilla. Lucas, leal y agradecido con Mara, le da las gracias con el mejor mensaje/regalo que puede hacerle a su amiga a la distancia. Usa su señal de “Adelante” (sabe que Mara entenderá) y le manda su agradecimiento.


Abajo, Mara ve parpadear a la estrella y es feliz. La estrella de Lucas que ayudó a encender hoy le manda su luz parpadeante sólo a ella… en medio del cielo refulgente.


Ya en los créditos, se ve la animación del storyboard original que guió la realización de SOAR. Es importante verla porque indica varias cosas, como platicaré más adelante.


Como se ve, SOAR tiene mucha tela de donde cortar. Una de las objeciones que leí en el camino es que, como se trata de un trabajo de tesis de Alyce Tzue para recibirse, algunas personas consideran que la historia también es “estudiantil” o insuficiente, que apela a los sentimientos de una manera visible y que, por momento, mueva quizás a las lágrimas.

Como hemos visto, contiene emociones e ideas humanas que no por “básicas” son superficiales. De hecho, son universales porque tod@s las compartimos, por vivirlas en algún momento de nuestras vidas. En el curso de la narración, SOAR presenta:

1. La solidaridad. La ayuda desinteresada por el Otro, por el simple hecho de estar en problemas.

2. Nunca rendirse ante el problema. Intentar por nuevas vías -creativas, intuitivas, que se resuelven en planeadas- la solución. Mara encuentra finalmente la “inesperada” solución (un punto a favor del viento que colabora e insiste).

3. El objetivo común. La meta de Mara y Lucas es compartida, y cada uno hace lo que sabe hacer.

4. El surgimiento de la amistad al compartir vulnerabilidades. Incluso la frustración no deviene en ruptura.

5. La frustración, el desánimo, incluso el miedo, nunca se expresan o desembocan en Ira, no se culpa del fracaso a la otra persona.

6. El objetivo común alcanzado se debe al mutuo esfuerzo. Cada quién aporta lo que sabe hacer. Mara diseña, Lucas pilotea. Mutuo respeto al conocimiento de la otra persona.

7. El trabajo en equipo para obtener el objetivo y el reconocimiento del liderazgo inteligente. Lucas reconoce los intentos de Mara, incluso voltea a verla pidiendo una solución. Mara es sincera, en ese momento no la ve, no la tiene. Lo que lleva a un rasgo importante que permea todo el contenido de SOAR

8. La Igualdad, Equidad de la Mujer. Indiscutiblemente, quién lleva la batuta de las acciones es una mujer, una chica adolescente. Es ella quien encabeza las iniciativas éticas, intelectuales. Lucas reconoce su papel de lideresa; no hay queja sino reconocimiento del mérito.

9. ¿Tiene que venir una joven directora y guionista a recordarnos lo que vivimos diariamente pero muchos hombres adultos no queremos reconocer encerrados en nuestro machismo debilitante? Por eso, SOAR es un corto que deben ver niñas, niños, chicas y chicos adolescentes. Verlo y vivirlo.

10. La amistad leal y agradecida. Al cumplir su misión personal, Lucas comparte el éxito con su amiga Mara, de la mejor manera posible a pesar de la separación de ambos por la distancia: la Luz de su estrella, la que se prende primero. Y de paso, un cielo refulgente.

Como se puede entender es un guión sencillo pero no estúpido. Es complejo en su contenido e incluso en su estructuración. Crece gradualmente hasta apoderarse de las emociones de su público. Si alguien se emociona y llora, bienvenid@. Se agradece a Alyce Tzue su mensaje.

Personalmente, encuentro a SOAR refrescante por apelar a ideas y emociones que hemos dejado de valorar, ocultamos o invisibilizamos. La Oleada de la Cultura de la Muerte que nos cubre se manifiesta de muchas maneras en violencia, desesperación sin esperanza, frustración con ira, venganza, uso injusto de la fuerza que rematan en la aniquilación del Otro, de lo Ajeno, incluso de Uno Mismo como una fuente temporal de justificación de la propia existencia.

Frente a lo anterior, SOAR no se detiene en subtramas negativas per se; prefiere que su propuesta y remate sea un mensaje unificado donde la fantasía es herramienta para soñar, actuar y transformar la realidad que nos rodea. Todo el conjunto No es un mensaje menor; todo lo contrario, apela a lo mejor que tenemos tod@s nosotr@s en nuestro interior. Y lo resuelve de hermosa manera. Lo sencillo puede ser bello.

De ahí que se valore en los créditos la animación del storyboard. Se ve que la historia no sufrió muchas modificaciones en la realidad, mientras que el físico de los personajes si tuvo ciertas transformaciones para darle más carácter. Lo vemos en Mara, a la que dotan con gorro y otras características mientras la escena del smartphone se mejora, entre otras. Es evidente que el trabajo en 3D es impecable, que se cuidó la animación hasta el último detalle con los recursos que contaba Alyce Tzue. Por eso, ver la animación en créditos nos da idea del trabajo invertido, del tiempo que requirió esta pequeña joya de animación. No es en balde los reconocimientos (abajo) en premios que obtuvo, en especial el referente al Óscar, o las más de 2 millones 800 mil vistas que tiene en YouTube.

Alyce Tzue.

En Alyce Tzue hay una excelente guionista y directora. Pero como toda joven realizadora tiene que picar piedra en Hollywood, escalar la pirámide. Por el momento, es lo que se percibe en el sitio en Internet del cortometraje y de ella como realizadora que expone sus servicios profesionales a la industria:

http://www.soarfilm.com/

https://www.alycetzue.com/

Por SOAR, le deseo a Alyce Tzue y a su equipo la mejor de las suertes en su profesión.

Alyce Tzue.

Creo que hacen falta realizadoras que aporten su voz al concierto del Cine como Arte, que usen el vehículo comercial para entregar un producto de alta calidad que cumpla con el objetivo de su mensaje y el de aportar ingresos del público por su visionado. Muestra que ambos fines no están peleados si la historia y la dirección son de calidad y no se traicionan por motivos puramente mercantiles.

Pero que también aporten la “visión femenina” en el cine, sea de animación o imagen real, documental o de ficción, corto o largometraje, como medida de igualación. En algún momento futuro, esta visión desaparecerá cuando la equidad en la industria cinematográfica y en la sociedad se establezca en la realidad. Entonces todo dependerá sólo del mérito de cada producción con independencia del género de quien dirige.

En ambos casos, SOAR siempre permanecerá como una hermosa historia de una niña que sueña, de una adolescente que diseña… y de una realizadora que filma y deja lo mejor de sí misma en sus películas. Un cielo refulgente es la prueba.

Premios.
Soar is the proud 2015 Gold Winner of the 42nd Student Oscars, Best Student Animation Winner at Palm Springs, Finalist at the Student BAFTAs.

16 abril 2017

Pianista, LA / La Pianiste, de Michael

Francisco Peña.


La película es muy compleja por el tema que trata y la forma en que lo expresa. Es muy probable que para el gran público aparezca como un interrogante que no puede resolver por el tema; fría por la puesta en escena que eligió Haneke; controvertida por el tema e inverosímil por su desarrollo.



Sin embargo, para el cinéfilo que ha luchado por especializarse, por abandonar los terrenos del cine comercial y adentrarse en otros tipos de expresión cinematográfica encuentra fascinante a La pianista.

Con este enfoque pueden resultar incomprensibles para muchos los premios otorgados en Cannes; para otros, quizás los menos, representan el hecho de que se reconoció una calidad muy especial: una puesta en escena que pocas veces se obtiene en pantalla.

Esta película descarnada, seca, de mucha tensión psicológica y física, se adentra en el laberinto existencial de donde emanan las conductas sadomasoquistas. Haneke presenta las dos caras de la moneda en el personaje de la pianista Erika Kohut, actuada magistralmente por Isabelle Huppert.


Desde el inicio de la cinta, el director plantea una situación asfixiante para Erika. La mujer llega tarde a su casa luego de perderse varias horas en la ciudad de Viena. Su madre (Annie Girardot) la recibe con una serie de reclamaciones abrumadoras por su número y violencia.

Es claro el mecanismo de chantaje emocional que sufre Erika. Bajo las reclamaciones se esconde una madre controladora, opresora y profundamente egoísta. La pianista cede ante su madre y se da una supuesta reconciliación entre ambas en medio del llanto.


Pero sólo es un respiro. Como duermen juntas, la madre reinicia su discurso demoledor que encierra cada vez más a Erika en sí misma.

La corriente de presión de la madre sobre su hija tiene una razón de ser. Ha invertido todo (dinero, emoción, vida) para que sea una concertista famosa. Nadie puede entender o tocar a Schubert como Erika.


La presión constante para que esta idea se convierta en realidad conlleva un profundo egoísmo por parte de la madre. Erika no le importa como ser humano: sus sentimientos, cansancio, esfuerzo no importan. Tiene que ser perfecta y nadie puede superarla. La madre ve el triunfo de la hija como el suyo propio.

La relación destructiva madre – hija se hace más clara al ver su contrapartida en la pantalla. La joven concertista Anna Schober sufre las mismas presiones por parte de su madre. Muestra como, probablemente, comenzó todo. Las hijas son una inversión y no seres humanos; el origen de las distorsiones se hace patente porque no hay tiempo para la vida personal de las jóvenes, sometidas a una disciplina que se vuelve inhumana.


La imposibilidad de encontrar una salida a su situación conduce a Erika a convertirse en una sádica con las otras personas con quien tiene contacto. Al ser maestra en el Conservatorio, puede aplicar duras medidas disciplinarias a sus alumnos, y se rodea de una actitud gélida y distante con el resto del profesorado.

Supuestamente Erika tiene como vía de salida de sus problemas emocionales a la música. Es conocedora al detalle de la obra de Schubert y Schumann, lo que se reconoce en pequeños grupos de especialistas. Pero Erika no es una concertista famosa sino que toca para pequeños grupos.

En un concierto privado conoce al joven Walter Klemmer (Benoît Magimel) que también conoce de música. Walter se enamora de Erika pero lo que obtiene de ella es frialdad y se establece una especie de competencia.


La dureza y sadismo de Erika se extiende directamente sobre dos de sus alumnos. Un chico y una joven, que es una promesa como ejecutante especializada precisamente en Schubert.

Luego de que Haneke ha planteado a sus personajes, sus ambientes y el problema que se anida en la conducta de Erika, da una vuelta de tuerca a su historia. La maestra de piano, la especialista en Schubert, se presenta en una tienda porno, impaciente por entrar a una cabina privada, donde ve escenas hardcore.

La cinta da otro paso en su desarrollo cuando Walter concursa para ser admitido en el Conservatorio, específicamente en la clase de la maestra Kohut.


A lo largo de toda la cinta, la actuación de Huppert es dura, seca, pero magnífica. Logra dar los distintos matices de su personaje, de lo que ocurre en su interior, con mínimos gestos y reacciones. La dureza de su rostro no impide la observación del público sino que la alienta. Isabelle Huppert, con pequeños movimientos de los ojos, con la dirección de la mirada, con la entonación, con ligeros gestos, y con el contenido movimiento de su cuerpo, va construyendo la personalidad de Erika Kohut.

Una de las escenas que marcan este magnífico trabajo actoral es cuando Walter se presenta al examen de ingreso al Conservatorio y toca varias piezas. A lo largo de la escena del recital la cámara se concentra en el rostro de Erika – Huppert. El juego entre la música y las ligeras reacciones de Erika marcan su molestia, su reconocimiento del potencial de Walter, su miedo envuelto en desprecio y una inquietud bajo férreo control.


El hecho de que surja otro hábil ejecutante de Schubert (ya son dos) la conduce al autocastigo en un plano secuencia, de extrema dureza, en el baño de su casa. Pero ni siquiera en el baño tiene privacidad Erika, la voz de su exasperante madre penetra la puerta.

Haneke ha planteado ya las dos caras de la moneda en que vive Erika: sadismo público, masoquismo privado.

Cuando alguien se asoma a la mezcla de estos dos ámbitos es ferozmente castigado. Uno de sus alumnos la encuentra en una tienda porno y no se explica su presencia. En la siguiente clase el joven es objeto de una abierta agresión por parte de Erika. El sadismo toma la forma de un violento y humillante abuso verbal.

Esta escena en que Erika se ceba sobre su víctima está reforzada por la imagen de Erika – Huppert: el pelo recogido, el gesto adusto, la ropa negra…

Pero Walter no es un jovencito sino un hueso duro de roer. Consigue entrar en la clase de Erika Kohut a pesar de su oposición pública. De entrada lo recibe con frialdad y busca herirlo: “No te interesa la música sino el éxito”. Walter contraataca con la verdad: le dice que la ama y quiere una relación con ella.


Esto provoca que algo se rompa en Erika, pero el cambio toma la forma de voyeurismo: la maestra espía a su alumno.

La mezcla detonante madre – hija se reafirma con las nuevas conductas de Erika. Mientras la maestra se mete a un autocinema para ver a una pareja hacer el amor, la madre (por su retraso) busca a su hija y termina por destrozar su ropa.


Ahora Erika, aunque no da pie a ninguna relación, considera a Walter como propio.

En los ensayos para el concierto de gala del Conservatorio Anna Schober sufre una crisis. Quien le da seguridad y la apoya es precisamente Walter. Todas las acciones de los dos jóvenes son observadas por Erika.

De nuevo, se necesita ser una actriz fuera de lo común para transmitir al espectador las emociones de un personaje con tan pocos recursos de expresión. Huppert, con una economía actoral que deslumbra, muestra a Erika en uno de sus momentos de maldad refinada. La maestra de piano toma una decisión y la ejecuta con una fría precisión. Prepara detenidamente una trampa a Anne Schober que la mutila y parece acabar con su carrera.

El siguiente paso de Haneke, luego de esta dura escena, es la primera confrontación real entre Erika y Walter en un baño del Conservatorio. Ahora si, los ámbitos público y privado de Erika comienzan a perder sus fronteras.


De los besos frenéticos pasan a la masturbación. Pero Erika impone sus reglas sádicas al joven, y se resiste a seguir las conductas normales del amor que él le solicita. La escena no es erótica sino casi deshumanizada; enfrenta la perplejidad humana de Walter (“es enfermizo lo que haces”) con los recovecos mentales de Erika expresados en su sadismo (“la emoción no vencerá a la inteligencia”). En este asalto Walter cede y Erika acepta tener más encuentros siempre y cuando obedezca sus instrucciones escritas.



Finalmente Walter entra al departamento de Erika y conoce a su madre. Ambos se encierran en la recámara y bloquean el acceso. La madre jode, insiste y trata de entrar al cuarto; sin embargo, este hecho es parte de la fantasía sexual de Erika. La madre aislada e impotente mientras ella da curso a sus deseos sexuales codificados.


Las fronteras entre sadismo y masoquismo se derrumban. Walter está en el ámbito privado y se lleva una sorpresa. Las instrucciones son una larga carta escrita a mano, a renglón cerrado y con detalles precisos de conducta que marcan con exactitud la conducta masoquista de Erica.


Huppert crea una de las secuencias más duras de la cinta al mostrar el cambio de actitud de Erika en segundos. Ante los ojos del espectador, Huppert realiza un largo monólogo sin que la cámara corte, donde Erika “confiesa” su masoquismo.

Supuestamente liberada de su secreto, la mujer saca todos los implementos descritos en la carta para que Walter asuma el papel de sádico en la relación sexual que ella propone. Walter se niega y sale.



Erika, a su manera, ha tratado de tomar contacto con otro ser humano y ha fracasado.

Haneke no cede en la presión sobre su personaje principal. La siguiente escena es en el dormitorio entre madre e hija. En otra escena descarnada, aumenta la presión psicológica de la madre sobre la hija: lo único que importa es que Erika se concentre en su papel de concertista, ya que suplirá a Anna Schobel en el concierto de gala y nunca se sabe quien puede acudir, quien puede “descubrirla” en el evento. El remolino emocional de Erika no tiene salida.

A partir de este punto de la cinta, Haneke desarrolla las consecuencias de la conducta de sus personajes con un contundente determinismo trágico. Erika asume abiertamente su conducta masoquista y se humilla ante Walter. De hecho acepta buscar una relación con las reglas de él y no las suyas, pero es demasiado tarde.



Walter se desequilibró al conocer la propuesta original de Erika y, ahora que los papeles si están cambiados, tampoco se concreta la relación. Erika abre un resquicio de humanidad pero se encuentra ahora a un Walter que cumple su rol de sádico. La escena del desencuentro final de la pareja, de nuevo en el departamento, es la más álgida de la cinta. Pero es precisamente en ella donde ambos actores vuelcan toda su capacidad en beneficio de sus personajes.

El espectador tiene que concentrarse en esta escena, a pesar de estar inmerso en el momento más duro de la cinta.

Es allí donde puede dar el salto cualitativo para intuir porque esta cinta es magnífica en su realización y puesta en escena. Este es el punto que separa al cinéfilo del público no especializado: entender la sutileza de otras formas de hacer cine, ver la excelencia de un trabajo actoral minimalista, sumergirse en el ambiente rarificado de un universo narrativo que plantea situaciones límite o poco comunes.


Esta intuición del cinéfilo le permite también abordar el final de la cinta de Haneke. En apariencia es un “no final”, pero en realidad es la última vuelta de tuerca aplicada a Erika. Ella no sólo vuelve a su situación primigenia sino que ahora tiene la conciencia de lo que ha recorrido desde que conoció a Walter. Sus intentos por tener contacto con el exterior, por expresarse de alguna manera aun dentro de sus códigos distorsionados, han fracasado. Su única conducta posible es la autoagresión.

Haneke entrega al espectador una película no comercial pero excelente. Apoyado en magníficas actuaciones logra adentrarse en los recovecos psicológicos de los personajes. No se queda en una descripción de conductas, de situaciones, sino que con los mínimos elementos necesarios borra las fronteras entre el sadismo y masoquismo en que se desenvuelve Erika.


El retrato de La pianista, crudo y descarnado, impacta por su precisión. Haneke recorre con maestría la delgada línea que separa un drama de corte sexual de la posible pornografía; que deslinda el arte cinematográfico de las manifestaciones pseudoeróticas del porno soft.

Michael Haneke jamás cruza esta delgada línea sino que mantiene al espectador en el tenso laberinto de emociones y conductas de Erika Kohut. Claro, mucho de este logro está cimentado en la excelencia actoral de Isabelle Huppert, que tiene esa rara habilidad de mostrar el desequilibrio de un personaje con pocos elementos.


De dicha habilidad ha dado muestra desde el inicio de su carrera, por lo cual sólo basta recordar la actuación de Huppert en La bordadora / La Dentelliere, de Claude Goretta, realizada en 1977, cuando sólo tenía 22 años. Aquí tiene 46 y está en la cima de su capacidad artística.

En resumen, La pianista es un film para el cinéfilo ya formado. Para quien capta un trabajo fílmico especializado que aborda, sin rodeos y con un resultado excelente, otra forma de hacer cine.

LA PIANISTA / LA PIANISTE. Producción: Les Films Alain Sarde, MK2 Productions, Wega Film, France Cinéma. Dirección: Michael Haneke. Guión: Michael Haneke, basado en la novela homónima de Elfriede Jelinek. Año: 2001. Fotografía en color: Christian Berger. Edición: Monika Willi y Nadine Muse. Con: Isabelle Huppert (Erika Kohut), Benoît Magimel (Walter Klemmer), Annie Girardot (madre), Anna Sigalevitch (Anna Schober), Susanne Lothar (Sra. Schober), Udo Samel (Dr. Blonskij). Duración: 130 mins. Distribución: Cinemas Nueva Era.

30 marzo 2017

Viaje hacia el sol, cinta turca de Yesim Ostaoglu

Francisco Peña.




Viaje hacia el sol, la cinta turca de Yesim Ostaoglu, es otro de los baches de la XXXIV Muestra Internacional de Cine. Con una trama simple que se extiende en 104 minutos hasta la reiteración de escenas y personajes, se busca contar como un turco puede sufrir la discriminación del pueblo kurdo en carne propia.



Con excepción de las imágenes finales de un pueblo sumergido, Viaje hacia el sol es un trayecto hacia la reiteración de situaciones que ya no aportan nada al planteamiento de los personajes y de la situación social y política entre kurdos y turcos.


En esta Muestra de los “jodidos”, con un programa intencional de cintas que abordan en su mayoría problemas étnicos y sociales, que se desenvuelve en medios sociales degradados y llenos de violencia, Viaje hacia el sol desmerece frente a La vendedora de rosas, Tres estaciones o El polvorín. Ni de lejos se acerca a La eternidad y un día.

La historia de un joven turco –demasiado “moreno”- (Mehmet) y de su relación con un activista kurdo (Berzan) se establece a partir de una confusión. Mehmet es confundido con un “terrorista” kurdo y brutalmente golpeado por la policía. El origen del se da en una escena absurda y forzada donde el joven es relacionado con una pistola y es incapaz de reaccionar o mostrar su inocencia.


A partir de este punto pierde relaciones, trabajo y amigos. Va de ocupación en ocupación temporal mientras se desploma en la escala social y se vuelve cada vez más pobre, que ya lo era. Sólo le queda el apoyo de Berzan y de su novia Arzu.


A la muerte de su amigo Berzan, por la violencia política, Mehmet decide autoimponerse un viaje al pueblo natal del muerto para enterrar su cadáver. El resultado es el viaje a una tierra de nadie, con pocos habitantes, donde las casas kurdas están marcadas con una X roja.

De las bulliciosas calles de Estambul al Kurdistán, Mehmet hace el viaje migratorio en sentido contrario a la mayoría de los kurdos. Él regresa a la soledad mientras los demás buscan el hacinamiento de Estambul en busca de una vida mejor.

El hecho de que ésto ocurra en Turquía –miembro de la OTAN y de la Comunidad Europea- no hace novedosa a la cinta. Los mismos problemas de desempleo, de promiscuidad y sueños rotos ocurre en la mayoría de las ciudades latinoamericanas. Esta historia no deja nada al espectador, que conoce de cerca varias de las situaciones narradas en Viaje hacia el sol, y las ha visto en cintas con mejor factura y por realizadores de su área cultural.

El mismo cine iraní presenta situaciones similares pero con una poética más viva y sensible, por hablar de cinematografías del área en donde se encuentra Turquía.

Lejos están los problemas de los turcos emigrados a Alemania (El autobús, de Ocam); ahora es el problema kurdo, del cual se quiere dar una visión humanista y de respeto en la cinta.

El problema es que las situaciones por las que atraviesa Mehmet quedan claras desde el inicio: el racismo, la violencia, la explotación y el exilio interno se repiten una y otra vez en el libreto. No se aporta nada para un conocimiento más profundo de la historia ni para la comprensión de los personajes por parte del público.



Esta repetición mata el dramatismo de la historia, hace la violencia y la corrupción anodinas. También la relación Arzu – Mehmet se borra en la repetición de las mismas situaciones dramáticas y sus variaciones no aportan nada a la psicología de los personajes.

Como remate, el personaje turco de Mehmet no toma una postura real ante el problema porque su gesto de llevar al amigo al terruño destruido es demasiado simbólico y abstracto.

La cinta se pierde en el tedio como el ataúd de Berzan en el agua. Y el público se queda sin entender que es lo que está en el fondo del problema kurdo en Turquía, por decir lo menos.

VIAJE HACIA EL SOL. Producción: Istinai Filmler Ve Reklamas, Medias Res, The Film Company, Fabrica, ADF/Arte, Behrooz Hashemian, Phil van der Linden, Pit Riethmüller. Dirección: Yesim Ostaoglu. Guión: Yesim Ostaoglu. Año: 1999. Fotografía en color: Jacek Petrycki. Música: Vlatko Stefanovski. Edición: Nicolas Gaster. Intérpretes: Nazmi Oirix (Berzan), Newroz Baz (Mehmet), Mizgin Kapazan (Arzu). Duración: 104 minutos. Distribución: Cineteca Nacional.